20 jun. 2013

LA PREVISIÓN DEL LETARGO SOLAR

Decir que este ciclo solar está siendo distinto a los demás no es nada nuevo ni extraño. Este ciclo número 24, es decir el actual, está siendo de una intensidad bastante inferior a los anteriores, de incluso un -46%. En ello se puede demostrar en la comparación en el actual y los anteriores ciclos solares en la imagen 1:


Imagen 1: Comparación entre el ciclo solar actual y los anteriores ciclos solares más cercanos.


Imagen 2: Comparación entre otros ciclos solares más antiguos.

Pero todo esto no es nada fuera de lo normal ya que si lo comparamos con la imagen 2, podemos observar como anteriores ciclos solares fueron de una intensidad muy parecida al actual. De hecho si observamos con atención, el ciclo solar en el cual se produjo el famoso evento Carrington, sucedió durante los primeros meses

del ciclo solar número 10, lo cual es muy parecido al actual. Con ello ya podemos saber y conocer que una gran tormenta solar puede producirse en cualquier momento independientemente de que tengamos mayor o menor actividad solar. No obstante lo que sí que podemos decir es que trabajamos bajo probabilidades, es decir, con un ciclo solar mucho más intenso, más probabilidades tenemos a que se produzcan tormentas solares, pero ello no da valor 0 a los ciclos tranquilos e incluso en mínimos solares.

Ahora bien, el tema que puede preocupar es, de que ¿si este ciclo solar está siendo de menor intensidad, como será el próximo?

La respuesta la podríamos tener cerca, aunque todavía falta para que pasen los meses y obtengamos más datos. Para ello tenemos que fijarnos sobre todo en el movimiento de oscilación torsional solar.
El Sol genera un nuevo flujo magnético cerca de sus polos cada 11 años que migra lentamente, a lo largo de un periodo de 17 años hacia el ecuador y se asocia con la producción de manchas solares una vez que alcanza la latitud crítica de 22 grados. Este flujo magnético se encuentra a una profundidad aproximadamente entre 2000 y 7000 km de la superficie solar.


capturado gracias a diferentes técnicas de Heliosismología. Durante el ciclo solar las manchas siguen este patrón de caída de latitud marcado por el flujo torsional.

Este flujo magnético oscilatorio torsional, es generado antes de que finalice el ciclo solar, de tal forma que se puede tener detalles del siguiente ciclo solar con mucha antelación antes de que finalice el actual. El flujo de oscilación torsional del ciclo 23 por ejemplo se empezó a formar al mismo tiempo que se vieron las primeras manchas del ciclo 22. Los estudios de los últimos ciclos siempre han seguido el mismo patrón, hasta ahora.

Hace ya muchos días que se debería haber iniciado el flujo de la oscilación torsional del ciclo 25 pero esta no parece presentarse. Debería haberse visto en 2008 o 2009, pero por ahora solo hemos conseguido un pequeño indicio muy poco definido con datos de hasta fecha de mediados del año 2012.


Si nos fijamos en la imagen anterior, podemos observar el flujo torsional real (zonas con color mas amarillento y rojo) observado gracias por la red de Heliosismología GONG. Podemos apreciar claramente como el flujo torsional del ciclo 24 tardó aproximadamente entre 1,5 y 2 años más en descender hacia latitudes más bajas respecto el ciclo 23. Hay que tener en cuenta que las primeras manchas solares suelen aparecer cerca de los 30º grados de latitud (norte/sur). Las manchas solares tienden a ocurrir a lo largo de estas bandas subsuperficiales (flujo torsional), y el sol generalmente se torna más activo a medida que las bandas se acercan a su ecuador, de manera que actúan como indicadores de los ciclos solares. Con ello podemos darnos cuenta que este flujo torsional se ha frenado respecto el anterior ciclo solar. Además en la imagen podemos apreciar como estando en pleno ciclo solar 23, ya el flujo torsional del ciclo solar numero 24 estaba bastante presente. Con ello podemos obtener con antelación datos del siguiente ciclo solar aun estando presente en el actual.

Esto no está sucediendo para el ciclo solar nº 25. A fecha de la imagen, para los primeros meses del año 2012, todavía no había grandes indicios del siguiente ciclo. No obstante, sí que podemos apreciar entre los círculos marcados en la imagen, como empieza a aparecer algún indicio muy tenue sobre los años próximos de nuestro astro rey aunque de una forma muy débil. Para hacernos la idea, tenemos que tener en cuenta de que el flujo torsional del ciclo 25, debería de haberse empezado a mostrar hacia finales del año 2008.

Ello puede dar a la conclusión a que con casi total confirmación de que el próximo ciclo solar llegará con retraso, con unos 4 años de diferencia aproximadamente. Esto significa que podríamos tener un mínimo de Dalton temporal de menor duración.

El mínimo de Dalton fue registrado entre 1800 y 1820, en el cual durante este periodo, los ciclos solares fueron de muy baja intensidad e incluso tardaron bastante en aparecer. Dicho esto podríamos decir que el próximo ciclo solar empezaría sobre el año 2024 – 2025 aproximadamente cuando en realidad tendría que aparecer para 2019-2020. Si además sumamos que este actual ciclo solar numero 24 empezará a descender ya a partir del año 2014 y finalizar en el año 2019 aproximadamente, tendríamos unos 6 o 7 años de letargo solar, en el cual la actividad solar sería nula. Incluso podrimos llegar a decir que el próximo ciclo solar número 25, sería tan débil que podría llegar a no hacerse notar, haciendo que no tuviéramos prácticamente actividad solar en los próximos 16 años. De esta forma prácticamente habría un salto entre el ciclo 24 ha quizás el ciclo solar 26.

Aun así, es algo totalmente natural y normal. Por suerte el mismo Sol con el paso de los años, vuelve a reactivarse, sin todavía conocer el cómo ni el porqué.

En la siguiente imagen podemos apreciar gracias al estudio de varios componentes como el carbono 14 y los anillos de los árboles, la cantidad de manchas solares con datos aproximados (no reales) de hace muchos años anteriores.


En la siguiente imagen podemos apreciar gracias al estudio de varios componentes como el carbono 14 y los anillos de los árboles, la cantidad de manchas solares con datos aproximados (no reales) de hace muchos años anteriores.
magnético del sol no será lo suficientemente fuerte como para producir manchas solares durante el ciclo solar 25.

Lo común es que las manchas solares sean oscuras debido al enfriamiento de la zona de la cual emergen y de la intensidad de los campos magnéticos, pero esto está siendo al contrario, cada vez las manchas solares brillan con más intensidad, esto es derivado a lo mismo mencionado anteriormente, sobre un descenso de la intensidad de los campos magnéticos que forman las manchas solares. Todo tendría relación respecto al flujo torsional mencionado anteriormente. Este debilitamiento de las manchas solares las podemos comprobar en la siguiente imagen:


El movimiento hacia el polo de las manchas solares también se relaciona con un "barrido" del campo magnético asociado con un ciclo solar determinado, dando lugar a un nuevo campo magnético y a una nueva ronda de actividad de las manchas solares. Es decir, la polaridad solar se invierte cada 11 años, llegando a alcanzar los dos polos magnéticos en el ecuador justamente en el máximo solar de cada ciclo.

Se podría producir una reactivación magnética por parte de las manchas solares pero por ahora no hay ningún indicio de ello. El sol podría llegar a valor inferior a 1500 gauss y volver a generar fuerza magnética.



En la imagen anterior se observa el movimiento de los campos magnéticos del sol respecto la latitud heliográfica. En ello podemos apreciar cómo estamos alcanzando el punto máximo de este ciclo solar, lo cual está siendo de una menor intensidad.

¿Mínimo solar supone tranquilidad?

Si pensamos que durante el mínimo solar o un periodo de letargo solar significa que podemos estar tranquilos y fuera de peligro, estamos totalmente equivocados. Para empezar hay que tener en cuenta de que no todo son manchas solares en cuanto actividad solar, sino que también se producen filamentos magnéticos, protuberancias solares, y todos ellos pueden producir CME’s aunque como bien hablábamos al principio, estaríamos bajo unas probabilidades mas bajas. No obstante esté no sería el mayor riesgo.

La Vía Láctea es un impresionante generador de rayos cósmicos galácticos de alta energía (GCRs). Muchas de estas partículas son protones y iones originados por explosiones de supernovas y otras fuentes cósmicas, y se mueven a una tasa de velocidad cercana a la luz magnéticos masivos, como el del sol en ciclos de máxima actividad. Durante periodos de actividad solar intensa, la heliosfera, que es un entorno plasmático-magnético que rodea el sistema solar, desvía muchas de estas partículas energéticas.

Hay que tener en cuenta aunque sería algo casí imposible que la ausencia de la heliosfera permitiría el arrivo masivo de partículas energéticas hacia el interior del sistema solar, imposibilitando la existencia de la vida biológica tal y como la conocemos.

Durante los ciclos de mínima actividad, la heliosfera se debilita, posibilitando el ingreso de las partículas energéticas al sistema solar. Los valores magnéticos normales (6-8 nT) pero durante el mínimo recién pasado (2009-2010) cayeron hasta 4 nT, mientras que la presión del plasma solar fue el más bajo de los últimos 50 años. Esto produjo que los rayos cósmicos detectados aumentaron en 19%. El incremento de los rayos cósmicos es traducido en el aumento de la capa nubosa que cubre el planeta Tierra, debido a la interacción energética de los protones con las partículas de Oxígeno y de la atmosfera. Esto finalmente conduce a una reducción de los valores de la radiación solar que ha de arribar a la superficie terrestre, produciendo un enfriamiento.

Esas partículas cargadas interaccionan con la atmósfera y el campo magnético terrestre, transformándose en partículas secundarias (son producto de la interacción de las partículas primarias con la atmósfera) y distribuyéndose de forma que la mayor intensidad de las partículas que alcanzan el suelo será en los polos (debido al campo magnético).

Por tanto, la componente de partículas que alcanzan el suelo varía según la altitud (a mayor altura menos atmósfera con la que interaccionar), con la latitud (a mayor latitud mayor cantidad de partículas desviadas por el campo magnético). A nivel del mar, y para una latitud de unos 45ºN, las componentes principales son muones (72%), fotones (15%) y neutrones (9%).

Las lluvias o cascadas de partículas subatómicas se originan por la acción de los rayos cósmicos primarios, que pueden tener una energía superior a una energía cien millones de veces superior a la que se puede impartir a una partícula subatómica en los más potentes aceleradores construidos hasta hoy.
Cuando un rayo cósmico de alta energía llega a la atmósfera terrestre interactúa con los átomos que la forman, chocando con los gases y liberando electrones. Este proceso excita los átomos y crea nuevas partículas. Estas, a su vez, chocan con otras produciéndose una serie de reacciones nucleares, que originan nuevas partículas que repiten el proceso en cascada. Así puede formarse una cascada con más de 1011 nuevas partículas. Las partículas que forman las cascadas se pueden medir con distintos tipos de detectores de partículas, generalmente basados en la ionización de la materia o en el efecto Cherenkov.

Un grupo moderado de científicos alrededor del mundo han de decir que la teoría del calentamiento antropogénico ha sido groseramente exagerada. El dióxido de carbono no es el gas de efecto invernadero primario en la atmósfera terrestre. El vapor de agua es el responsable directo de los efectos termodinámicos en la Tierra. Cabe recordar que los gases inertes incluyendo el CO2 representan el 1% de los componentes atmosféricos. El promedio de CO2 presente en la atmósfera es de 1500 ppm (partículas por millón). La combustión de las maquinas terrestres es incompleta (λ<1) lo que significa que los productos de estas quemas son mezclas de aire inerte (nitrógeno), agua y CO2. Este último representa solamente el 30% del total.

Además el impacto biológico sería otro tema a tratar. Las partículas energéticas son un riego potencia para la salud, ya que pueden llegar a dañar a las células. Cuando una partícula energética impacta contra una célula, deposita parte de su energía al interaccionar con los electrones y las moléculas que forman la célula. Las consecuencias de esta interacción depende de la especie y de la energía de la partícula (protón, ion, electrón, neutrón, fotón). Cualquier daño causado a las moléculas de la célula, especialmente al ADN, puede tener consecuencias para el futuro de la misma, su capacidad de división y el mantenimiento de su estructura. A su vez, en funcionamiento incorrecto de esta célula puede afectar al tejido u órgano al que pertenece. Una célula dañada puede repararse a si misma. Si no tiene éxito en esta labor, morirá. Si muchas células mueren entonces el órgano dejará de funcionar correctamente. Si la reparación no se hace totalmente bien, la célula puede reproducirse unas cuantas veces más, pero al hacerlo puede transferir los daños a las células hijas. De nuevo, el funcionamiento incorrecto de muchas de las hijas puede causar daños irreversibles al órgano. Las células dañadas que hayan sobrevivido puede a su vez ser precursoras de células cancerígenas.



En esta gráfica se ve claramente cómo la Intensidad de la Radiación Cósmica ntergaláctica influye en la temperatura troposférica terrestre. Cuando el Viento Solar se topa con la Radiación Cósmica Intergaláctica, los nucleones y el plasma de electrones del viento solar se calientan y disminuyen su velocidad de desplazamiento hacia afuera del Sistema Solar. En la Terminación de Choque, los electrones y nucleones de la Radiación Cósmica Interestelar penetran contracorriente por las ondas del Viento Solar y son desviados por la turbulencia magnética que produce el movimiento del Sistema Solar desplazándose hacia la Terminación de Choque. Los nucleones intergalácticos con baja densidad de energía no penetran el Sistema Solar sino que son desviados por los turbulencias magnéticas (Arco de Choque) que se forman por el impacto entre el Viento Solar y la RCI; sin embargo, las partículas lentas con alta densidad de energía (partículas calientes) remontan el Viento Solar contra corriente, ellas se enfrían de nuevo, y entonces reaceleran hasta alcanzar velocidades supersónicas que alcanzan los 400 km/s viajando hacia el sol, es decir, en dirección opuesta hacia la cual el Viento Solar fluye. La RCI y las partículas aceleradas golpean contra el Campo Magnético Terrestre (CMT). La colisión de esas partículas del arco de choque que colisionan en el CMT promueve la formación de nubes cuando penetran en la troposfera de la Tierra. Las partículas de la RCI entrantes que inciden sobre la superficie de la Tierra incrementan la temperatura del suelo y de los océanos. El calor de la superficie se transfiere a la troposfera baja y ésta se calienta. La intensidad de las partículas intergalácticas y de la radiación cósmica que afectan a entonces la RCI entrante desde el Arco de Choque del Sistema Solar sería más alta también. Si el Viento Solar disminuye su velocidad, la RCI que remontó el Viento Solar contra corriente no disminuye su velocidad; sin embargo, las partículas de la RCI no se desvían, aunque ingresan a la Tierra, en donde transfieren su energía a las moléculas del suelo y los océanos, calentándolos de forma extraordinaria. Si la actividad solar es intensa, entonces el flujo del plasma cósmico será mayor. La correlación se observa con mayor claridad en el histograma incluido más abajo.



La correlación entre la anomalía de la intensidad de los Rayos Cósmicos Interestelares (RCI) y las variaciones en la temperatura troposférica terrestre es obvia. El actual calentamiento global no depende de la concentración de gases de "invernadero" al 100%, sino de la densidad de energía que nos llega desde el espacio, tanto desde el sol como desde el medio interestelar.

El Sistema Solar está viajando en su órbita alrededor de la Vía Láctea a una velocidad de 217.215 Km/s. El Sistema Solar completa una vuelta alrededor de la galaxia (Vía Láctea) en 226 millones de años. En un día, el Sistema Solar avanza 1,728,000 kilómetros hacia la constelación de Hércules a una velocidad de 20 Km/s. Esto es la 8, 593.75 parte de la distancia total entre la tierra y el Arco de choque del Sistema Solar. Una partícula “fría” de la radiación cósmica intergaláctica cruzaría esta distancia en tan solo 1.2 horas.

Las partículas cósmicas intergalácticas de Helio con una energía mayor a 70 MeV/nucleón y que remontan el viento solar contracorriente hasta llegar muy cerca del Sol, modifican la temperatura troposférica de la Tierra.




-RESUMEN-

Podemos decir en definitiva que este próximo ciclo solar vendrá acompañado de grandes cambios en los cuales será más tardío y con bastante más debilidad respecto los anteriores. A todo ello hay que añadir el riesgo de que inclusive estando en el mínimo solar los riesgos derivados del Sol también están presentes y a la vez también pueden preocupar, ya que el campo magnético del Sol es más débil y por ello no puede bloquear tanto la entrada de rayos cósmicos.

Jose Maria Llenas Garcia

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