23 sept. 2013

La desertificación ya afecta a 250 millones de personas

La desertificación afecta ya a 250 millones de personas en el mundo y más de 100 países están en situación de riesgo, según los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO). En España, por ejemplo, el 37%  de la superficie ya está afectada por un proceso que, según el Colegio de Ingenieros de Montes es “sinónimo de pobreza”, dado que no sólo impacta en la naturaleza, sino también en la economía.
Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación, que se celebra hoy, 17 de junio, el decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Carlos del Álamo, ha subrayado que la desertificación significa pérdida de vegetación y empobrecimiento de la naturaleza. Esto, según explica, se traduce en un empobrecimiento económico de la región, como consecuencia de la erosión, del deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos y los ecosistemas y la pérdida de la vegetación natural.
“Hoy en día contamos con conocimientos y tecnología que nos permiten llevar a cabo una gestión sostenible del monte“, ha subrayado Álamo, para quien uno de las claves está en  creer en la necesidad de recuperar la cubierta vegetal y “no permitir el deterioro de la existente”. “Esa gestión es una herramienta clave para evitar la desertificación”.
Desde el Colegio de Ingenieros de Montes recuerdan que la desertificación es un proceso de degradación del suelo, normalmente en zonas áridas, consecuencia de la acción de  factores naturales, pero también con frecuencia de la acción humana. Se interpreta como una disminución irreversible, al menos a escala temporal humana, de los niveles de productividad de los ecosistemas terrestres, como resultado de la sobreexplotación, uso y gestión inapropiados de los recursos en medios afectados por la aridez y la sequía.
A nivel mundial, el fenómeno alcanza al 40% de la superficie de los continentes, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Causas y soluciones
De este modo, el decano asegura que los bosques “bien gestionados” son una de las mejores herramientas del hombre para luchar contra la desertificación, cuyo origen está en factores físicos, climáticos, políticos, sociales, culturales y económicos. “Es una interacción de circunstancias muy compleja, pero precisamente por ello podemos luchar contra la desertificación desde ámbitos también muy diversos, armonizando las actuaciones de los factores que intervienen en este proceso”.
A su juicio, es necesario concienciar a la sociedad sobre el problema y trabajar para conseguir una gestión sostenible y rentable del suelo, del agua y de los recursos naturales del territorio afectado.
Respecto a la zona española con clima mediterráneo, ha precisado que el proceso se produce por las condiciones climáticas semiáridas que afectan a grandes zonas, sequías estacionales, extrema variabilidad de las lluvias y lluvias súbitas de gran intensidad. “Los suelos suelen ser pobres con marcada tendencia a la erosión. Si se le añade un relieve abrupto, con laderas escarpadas en ausencia de cubierta forestal a causa de una agricultura marginal, incendios forestales, sobrepastoreo y recogida histórica de matorral para leña, el resultado es un proceso irreversible, al menos en un período de cientos de años, de pérdida de suelo fértil”.
Álamo advierte que la sobre explotación de acuíferos y el mal uso del agua disponible agravan el fenómeno y da origen a los extensos territorios en los que se desarrolla la desertificación en España.
Finalmente, el Colegio de Ingenieros de Montes pide que se pongan en marcha medidas de prevenciónrehabilitación y recuperación de tierras desertificadas.

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